El sistema de fallas de los Apeninos es un cinturón de fallas normales activas que recorre la dorsal montañosa de la península italiana, concentrado en los Apeninos centrales en torno a Umbría, Abruzo y Lacio. Aquí la corteza no se comprime, sino que se estira a razón de unos pocos milímetros al año a medida que la cordillera se extiende.
Se trata de fallas normales extensionales: un bloque desciende respecto al otro a lo largo de planos que buzan hacia las montañas, generando terremotos superficiales pero dañinos. Las fallas son numerosas y segmentadas, y su escasa profundidad hace que incluso magnitudes moderadas sacudan con violencia los pueblos encaramados en las colinas.
El sistema ha causado tragedias reiteradas, como el terremoto de L'Aquila de 2009 (magnitud 6,3), que mató a más de 300 personas, y la secuencia de Amatrice–Norcia de 2016 (hasta magnitud 6,5), que destruyó aldeas medievales de Italia central. El histórico sismo de Avezzano de 1915, de magnitud cercana a 7, mató a decenas de miles en la misma región.