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¿Se pueden predecir los terremotos?

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Predicción frente a pronóstico

Los científicos distinguen con claridad entre predicción y pronóstico. Una predicción verdadera especificaría el momento, el lugar y la magnitud exactos de un terremoto futuro dentro de márgenes estrechos, y hoy no existe ningún método fiable para lograrlo. El pronóstico, en cambio, estima la probabilidad de que un sismo de cierto tamaño afecte a una región durante años o décadas, y esto sí está bien establecido y se usa ampliamente.

Los mapas de peligrosidad sísmica son el resultado práctico del pronóstico. Estudiando las velocidades de deslizamiento de las fallas, los terremotos históricos y la tensión acumulada, los geólogos pueden afirmar, por ejemplo, que un gran sismo tiene cierto porcentaje de probabilidad de golpear una zona en los próximos 30 años. Estas probabilidades guían las normas de construcción y los seguros, aunque no digan el día exacto.

La búsqueda de precursores fiables

Durante más de un siglo los investigadores han buscado precursores: señales medibles que aparezcan de forma fiable antes de un sismo. Se han estudiado cambios en el nivel freático, emisiones de gas radón, deformación del terreno, comportamiento animal inusual y sismos premonitores. El problema es la constancia. Una señal puede preceder a un terremoto y estar totalmente ausente antes del siguiente, o repetirse muchas veces sin que ocurra ningún sismo.

Los sismos premonitores ilustran bien la dificultad. Algunos grandes terremotos van precedidos de temblores menores, pero la mayoría de los sismos pequeños no anuncian nada mayor. Solo después del evento principal pueden los sismólogos afirmar con certeza que los temblores previos eran premonitores, lo que los hace inútiles para emitir un aviso por adelantado.

Sistemas de alerta temprana

Lo que sí funciona es la alerta sísmica temprana, que no es predicción en absoluto. Sistemas como ShakeAlert en Estados Unidos, la red nacional de Japón o el SASMEX mexicano detectan las ondas P, rápidas y débiles, que llegan primero, y avisan automáticamente a la población antes de que lleguen las ondas S, más lentas y destructivas. El tiempo de aviso va de unos pocos segundos a más de un minuto según la distancia al epicentro.

Incluso unos segundos de aviso tienen valor real. Bastan para detener trenes, interrumpir cirugías, cerrar válvulas de gas, abrir las puertas de los parques de bomberos y permitir que la gente se agache, se cubra y se sujete. Estos sistemas salvan vidas y reducen daños, pero solo funcionan una vez que la ruptura ya ha empezado: detectan, no predicen.

Por qué la predicción exacta sigue siendo esquiva

La física de la ruptura de una falla es profundamente no lineal y sensible a condiciones situadas kilómetros bajo tierra que no podemos medir directamente. Diferencias mínimas de tensión, resistencia de la roca y presión de fluidos determinan si un pequeño deslizamiento se detiene o se convierte en un gran terremoto. Como la corteza se comporta como un sistema complejo y autoorganizado cerca de un umbral crítico, condiciones aparentemente idénticas pueden producir resultados muy distintos.

Los investigadores exploran el aprendizaje automático aplicado a datos sísmicos continuos, a terremotos de laboratorio y a mediciones de deformación por satélite, y algunos resultados son prometedores para entender el proceso de ruptura. Pero ningún método ha logrado aún predicciones a corto plazo que superen al azar en pruebas reales. Por ahora, prepararse y construir resiliencia importa mucho más que esperar un aviso.

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