El 15 de agosto de 1950 un terremoto de magnitud 8,6 sacudió la región fronteriza entre Assam, India, y el Tíbet, en el Himalaya oriental. A diferencia de la mayoría de los mayores terremotos del mundo, que ocurren donde una placa tectónica se hunde bajo otra en una zona de subducción, este rompió en pleno interior de la corteza continental, donde la placa India choca frontalmente con Eurasia, lo que lo convierte en el mayor terremoto por colisión continental jamás medido por instrumentos.

Unas 4.800 personas murieron directamente por el temblor y los enormes deslizamientos que provocó en el escarpado terreno del Himalaya, que sepultaron aldeas y represaron ríos. Parte de la peor destrucción golpeó zonas montañosas poco pobladas del Tíbet y Assam, donde laderas enteras cedieron.

Las consecuencias más devastadoras llegaron ocho días después: una represa natural formada por escombros de deslizamientos en el río Subansiri se rompió, liberando una repentina ola de inundación de unos 7 metros de altura que arrasó río abajo y mató a unas 1.500 personas más en aldeas que habían sobrevivido al terremoto.

Por golpear una región fronteriza remota y poco poblada, el terremoto de Assam-Tíbet de 1950 nunca alcanzó la notoriedad de otros eventos de M8,5 o más, pero los sismólogos lo siguen considerando una referencia clave para entender la enorme tensión que todavía acumula la zona de colisión del Himalaya, tensión que podría liberarse algún día en un futuro gran terremoto a lo largo de la cordillera.