A las 5:26 de la madrugada, hora local, del 26 de diciembre de 2003, un terremoto de magnitud 6,6 golpeó la histórica ciudad desértica de Bam, en la provincia de Kermán, sureste de Irán. La ruptura, somera y sobre una falla hasta entonces no cartografiada justo bajo la ciudad, dejó a los residentes prácticamente sin aviso.

El Centro de Estadística de Irán cifró después las víctimas confirmadas en 26.271, aunque la Organización de Gestión de Crisis del país revisó la estimación al alza hasta unas 34.000 en el 17º aniversario del terremoto, en 2020. Otras 30.000 personas resultaron heridas y unas 75.000 se quedaron sin hogar, de una ciudad de unos 100.000 habitantes: un número de víctimas desproporcionado para la magnitud moderada del sismo.

La devastación fue tan extrema porque los edificios tradicionales de Bam, incluido su casco antiguo, estaban construidos casi por completo con adobe y barro sin refuerzo y sin resistencia sísmica. Se estima que el 87% de las estructuras de la ciudad quedaron destruidas o gravemente dañadas en cuestión de segundos, una de las tasas de destrucción más altas jamás registradas para un terremoto de magnitud moderada.

El terremoto también destruyó el Arg-e Bam, una ciudadela de unos 2.000 años de antigüedad y el mayor complejo de adobe del mundo, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, que había sobrevivido a milenios de guerras y terremotos anteriores. Equipos internacionales, coordinados con las autoridades iraníes y la UNESCO, acometieron después una minuciosa reconstrucción con materiales y técnicas tradicionales, restaurando gran parte de la ciudadela mientras dejaban visibles las cicatrices del terremoto como memorial.