El terremoto de magnitud 8,0 del 19 de septiembre de 1985 devastó Ciudad de México, aunque su epicentro estaba a unos 350 km, en la costa del Pacífico. Las estimaciones de víctimas van de unos 10.000 a 40.000, con miles de edificios derrumbados.
La catástrofe se amplificó por los sedimentos blandos del antiguo lecho lacustre bajo la ciudad, que atraparon y magnificaron las ondas sísmicas —un fenómeno conocido como amplificación de sitio—. Los edificios de cierta altura entraron en resonancia con el temblor y colapsaron.
La fecha marcó un antes y un después en México: el país construyó uno de los sistemas de alerta sísmica temprana más avanzados del mundo (SASMEX) y celebra cada 19 de septiembre un simulacro nacional. Inquietantemente, un segundo gran terremoto golpeó en la misma fecha en 2017, reforzando el peso de ese día en la memoria colectiva.