A las 18:40, hora local, del 15 de agosto de 2007, un terremoto de magnitud 8,0 sacudió frente a la costa central de Perú, a unos 145 km al sursureste de Lima, a una profundidad de unos 39 km. La ruptura se produjo en la interfaz de subducción donde la placa de Nazca se hunde bajo la placa Sudamericana a un ritmo de unos 77 mm al año.

Las cifras del USGS y de defensa civil peruana sitúan el número de muertos en 519, con más de 1.300 heridos; algunos recuentos posteriores citan hasta 595 fallecidos. La ciudad costera de Pisco, a unos 260 km al sureste de Lima, sufrió la peor destrucción —se estima que el 85% de sus edificios se derrumbó o quedó gravemente dañado, incluida la histórica iglesia de San Clemente, que se vino abajo durante la misa vespertina y mató a decenas de fieles.

Decenas de miles de viviendas de adobe y mampostería sin refuerzo se derrumbaron en toda la región de Ica, y el terremoto generó un tsunami localizado con olas de varios metros en la costa cercana. Las pérdidas económicas totales se estimaron en unos 300 millones de dólares, y los puertos y el aeropuerto que dan servicio a la región resultaron dañados, ralentizando la respuesta de emergencia inicial.

El terremoto de Pisco llenó una laguna sísmica largamente reconocida en la costa central de Perú, que los científicos llevaban años señalando como pendiente de una gran ruptura. Impulsó a Perú a reforzar el cumplimiento de los códigos de construcción para viviendas de adobe en localidades costeras y sigue siendo un evento de referencia para el Instituto Geofísico del Perú al evaluar el riesgo de la zona de subducción Nazca-Sudamérica.