A las 14:28 del 12 de mayo de 2008, un terremoto de magnitud 7,9 golpeó la provincia de Sichuan, en el suroeste de China, con epicentro cerca de Dujiangyan, unos 80 km al noroeste de la capital provincial, Chengdu. Rompió unos 240 km de la falla de Longmenshan, donde la meseta tibetana se eleva sobre la cuenca de Sichuan.

El gobierno chino confirmó 69.226 muertos, con otras 17.923 personas dadas por desaparecidas y presuntamente muertas, lo que acerca la cifra total citada habitualmente a las 87.000. Unas 374.000 personas resultaron heridas y cerca de 4,8 millones se quedaron sin hogar en la región montañosa.

El terreno montañoso amplificó la destrucción: el terremoto provocó miles de deslizamientos que sepultaron carreteras y aldeas, y represó ríos formando inestables 'lagos sísmicos' que amenazaron con nuevas inundaciones durante semanas. La indignación pública se centró en el derrumbe de miles de escuelas mal construidas, que mató a unos 5.000 estudiantes o más, en lo que se conoció como el escándalo de la construcción de 'tofu podrido'.

El desastre desencadenó una de las mayores movilizaciones de ayuda nacional en la historia de China, con cientos de miles de soldados desplegados, y llevó a códigos de construcción escolar más estrictos y a un museo permanente construido sobre las ruinas de Beichuan, una de las localidades destruidas.