En la noche del 16 de septiembre de 1978, un terremoto de magnitud 7,4 rompió una falla hasta entonces no cartografiada bajo el árido desierto de Kavir, en el centro-este de Irán. La ciudad de Tabas, con unos 11.000-13.000 habitantes, se encontraba casi justo encima de la ruptura.

Más del 80% de Tabas quedó destruida en cuestión de segundos. Las estimaciones de víctimas mortales oscilan entre 15.000 y 25.000 en toda la región, una cifra cercana a la población total de la ciudad, ya que Tabas perdió la mayor parte de sus residentes aquella noche. Se sintió una intensidad de IX o superior en unos 800 kilómetros cuadrados.

Como en muchas ciudades iraníes de la época, la mayoría de las viviendas eran de adobe sin refuerzo, que ofrecía casi ninguna resistencia a la sacudida y se derrumbó de forma catastrófica sobre sus habitantes. El aislamiento de la región desértica también retrasó días la llegada de equipos de rescate y ayuda médica.

Tabas fue reconstruida en una nueva ubicación a pocos kilómetros de las ruinas de la ciudad antigua, que se conservaron parcialmente como memorial. El terremoto se convirtió en un caso de referencia para los sismólogos: su ruptura superficial inusualmente clara y sus registros de movimiento fuerte cambiaron la forma en que los ingenieros modelan hoy el comportamiento de fallas ciegas de tipo inverso.