A las 3:42 de la madrugada, hora local, del 28 de julio de 1976, un terremoto de magnitud 7,6 golpeó justo debajo de Tangshan, una ciudad industrial de un millón de habitantes en el noreste de China, mientras casi toda la población dormía. Su epicentro se situó justo bajo la ciudad, a una profundidad somera de unos 11 km, por lo que los residentes prácticamente no tuvieron ningún aviso.

El temblor destruyó cerca del 85% de los edificios de Tangshan en cuestión de segundos. El gobierno chino cifró oficialmente las víctimas entre 242.000 y 242.769, aunque muchos historiadores y fuentes chinas posteriores creen que la cifra real fue muy superior, con estimaciones que llegan hasta 655.000 —lo que lo convertiría en el terremoto más mortífero jamás registrado—.

La catástrofe ocurrió en un momento políticamente muy delicado: el presidente Mao Zedong murió apenas semanas después, y durante años se minimizó la magnitud de la tragedia y se rechazó la ayuda internacional, dejando gran parte del balance real sin documentar durante una generación.

Tangshan fue reconstruida por completo y hoy alberga un memorial y un museo dedicados al terremoto. El desastre se convirtió en el caso de estudio central detrás de los modernos códigos de construcción sismorresistente de China y de la inversión en la red nacional de vigilancia sísmica que le siguió.