Costa Rica es intensamente volcánica y sísmica porque la Placa de Cocos subduce bajo la Placa del Caribe justo frente a su costa del Pacífico. Esta subducción alimenta un arco volcánico que recorre todo el país y produce terremotos frecuentes, lo que convierte a Costa Rica en un laboratorio natural tanto para vulcanólogos como para sismólogos.
El Arenal se hizo mundialmente famoso por sus erupciones casi constantes entre 1968 y 2010, mientras que el Poás, el Irazú y el Turrialba siguen activos y vigilados de cerca sobre el Valle Central. El país también sufre grandes terremotos marinos, como el de Nicoya de 2012, de magnitud 7,6, largamente anticipado por los científicos que seguían la brecha sísmica.