A las 00:02 hora de Nueva Zelanda (NZDT) del 14 de noviembre de 2016, un terremoto de magnitud 7,8 sacudió el norte de Canterbury, en la Isla Sur de Nueva Zelanda, centrado cerca de la localidad de Kaikōura. En lugar de romper una sola falla, la ruptura saltó y se propagó en cascada por más de 20 fallas distintas en apenas dos minutos —el terremoto geológicamente más complejo jamás estudiado con instrumentos modernos—, lo que obligó a los sismólogos a revisar sus supuestos sobre hasta dónde puede viajar una ruptura entre fallas que antes no se creían conectadas.

Solo murieron dos personas —una en Kaikōura y otra en la estación de esquí de Mt Lyford—, un balance extraordinariamente bajo para un sismo de este tamaño, gracias sobre todo a los estrictos códigos de construcción de Nueva Zelanda y a la baja densidad de población de la región. La falla de Kekerengu se desplazó hasta 10-12 metros en superficie, uno de los mayores desplazamientos de falla de desgarre jamás registrados, mientras enormes deslizamientos sepultaron la autopista estatal 1 y la línea ferroviaria Main North al norte de Kaikōura, aislando por tierra a la localidad costera durante semanas y obligando a establecer un enlace temporal de suministro por mar y aire.

La ruptura también provocó el mayor tsunami de Nueva Zelanda desde 1947: la red de monitorización GeoNet registró una altura de ola de unos 7 metros en Goose Bay y alturas similares en Little Pigeon Bay, en la península de Banks; las olas llegaron en minutos a algunos tramos de la costa, demasiado rápido para que una alerta formal alcanzara a ciertas comunidades antes de que llegara el agua.

GNS Science y otros investigadores internacionales han usado Kaikōura como caso de referencia para los terremotos multifalla 'en cascada', lo que ha remodelado los modelos de riesgo sísmico no solo para el sistema de la Falla Alpina de Nueva Zelanda, sino para otras zonas de límite de placas complejas en todo el mundo, incluidas partes de California y Japón, donde varias fallas cartografiadas están lo bastante cerca como para interactuar en una reacción en cadena similar.
El desastre también reveló lo vulnerable que puede ser un solo tramo de infraestructura costera: al quedar cortados en el mismo punto al norte de Kaikōura tanto la autopista estatal 1 como la línea ferroviaria, la agencia de transporte de Nueva Zelanda tardó más de un año y cientos de millones de dólares en reabrir la ruta, y la economía de la localidad, dependiente del turismo, tardó años en recuperarse por completo.