A las 00:30 hora local del 21 de junio de 1990, un terremoto de magnitud 7,4 sacudió la región del mar Caspio, en el norte de Irán, rompiendo un complejo sistema de fallas cerca de las localidades de Manjil y Rudbar, en la provincia de Guilán. Al golpear en plena madrugada, el sismo superficial sorprendió dormida a la mayoría de la población en viviendas rurales vulnerables de adobe y mampostería sin refuerzo.

Según las estimaciones del USGS, el desastre mató a entre 35.000 y 50.000 personas y dejó entre 60.000 y 105.000 heridos, con más de 400.000 personas sin hogar en una zona devastada de unos 20.000 km² que abarca la región de Rasht-Qazvin-Zanjan. Numerosas aldeas construidas en laderas empinadas quedaron también sepultadas o arrasadas por deslizamientos provocados por la sacudida, sumando víctimas más allá de los edificios que se derrumbaron directamente.

La sacudida alcanzó una intensidad máxima de X (Extrema) en la escala de Mercalli Modificada, una de las más altas asignadas jamás a un terremoto en Irán. Los sismólogos hallaron que la ruptura activó al menos dos segmentos de falla distintos y entrecruzados en secuencia, generando un movimiento del terreno inusualmente complejo que siguió siendo estudiado años después.

El terremoto de Manjil-Rudbar sigue siendo el desastre más mortífero de Irán en el siglo XX y llevó al gobierno a introducir normas sismorresistentes más estrictas para la reconstrucción rural, aunque su cumplimiento en aldeas remotas ha seguido siendo desigual en las décadas posteriores. El sistema de fallas de Alborz que lo produjo sigue siendo una de las zonas sísmicas más vigiladas y peligrosas de Irán.