A las 5:17 de la madrugada del 26 de julio de 1963, un terremoto de magnitud 6,1 sacudió Skopje, entonces capital de la República Socialista de Macedonia dentro de Yugoslavia. Pese a su magnitud moderada, su profundidad somera —apenas unos 6 km bajo la densa ciudad— concentró la energía de la sacudida justo en la superficie, con resultados catastróficos.

El sismo mató a unas 1.070 personas, hirió a entre 3.000 y 4.000 más, y dejó sin hogar a más de 200.000 de los cerca de 200.000 habitantes de la ciudad —prácticamente toda la población—. En torno al 80% de los edificios de Skopje quedaron destruidos o gravemente dañados, incluida la estación central de ferrocarril, cuyo reloj se detuvo famosamente a las 5:17 y sigue en pie hoy como memorial.

El desastre desencadenó un esfuerzo internacional de ayuda y reconstrucción sin precedentes en plena Guerra Fría: Naciones Unidas coordinó ayuda de más de 80 países, y se encargó a urbanistas de renombre, incluido el arquitecto japonés Kenzo Tange, el rediseño de la ciudad. Skopje se reconstruyó con amplios bulevares y arquitectura modernista sismorresistente que aún define su skyline.

El Centro Nacional de Información Medioambiental de la NOAA (NCEI) incluye el terremoto de Skopje de 1963 entre los eventos más significativos del siglo XX en su catálogo euromediterráneo. Sigue siendo el terremoto más desastroso jamás registrado en Macedonia del Norte y un caso de manual de cómo un sismo somero y moderado bajo una capital puede superar el daño de eventos mucho mayores.