¿Qué es la profundidad de un terremoto?
Todo terremoto comienza en un punto concreto bajo tierra donde la roca se fractura y se desplaza por primera vez a lo largo de una falla. Los sismólogos llaman a ese punto hipocentro (o foco). La profundidad del hipocentro bajo la superficie terrestre —medida en kilómetros— es lo que entendemos por profundidad del terremoto.
El punto de la superficie situado directamente sobre el hipocentro se llama epicentro, que es la ubicación que aparece en los mapas. Pero la profundidad es la variable oculta que a menudo determina con qué intensidad se siente el terremoto, cuánto temblor llega a la superficie y qué extensión resulta afectada.
Cómo miden la profundidad los sismólogos
Las redes sísmicas registran las ondas que genera un terremoto y transmiten los datos en tiempo real a centros de procesamiento como el Centro Nacional de Información Sísmica del USGS. La profundidad se calcula analizando los tiempos de llegada de distintos tipos de ondas —principalmente ondas P (compresionales) y ondas S (de cizalla)— en múltiples estaciones de registro distribuidas a distintas distancias del epicentro.
La diferencia en los tiempos de llegada entre tipos de ondas, combinada con la velocidad conocida de las ondas sísmicas en distintas capas de roca, permite a los ordenadores triangular no solo la posición horizontal del epicentro, sino también la profundidad. El método está bien establecido, aunque para terremotos muy superficiales (menos de 5 km) la incertidumbre puede ser significativa, y en eventos marinos o en zonas remotas con pocas estaciones cercanas la estimación puede tener mayores márgenes de error.
Para terremotos profundos, hay indicios adicionales en la forma en que la energía se irradia hacia el exterior: los eventos profundos generan un patrón característico de formas de onda distinto al de los superficiales. El USGS y otras agencias refinan continuamente las estimaciones de profundidad a medida que llegan más datos, por eso a veces la profundidad publicada de un sismo se revisa en las horas posteriores al evento.
Las tres categorías de profundidad
Los sismólogos dividen los terremotos en tres grandes categorías según la profundidad:
- Terremotos superficiales (0–70 km): Los más comunes y, por unidad de magnitud, los más destructivos. La energía liberada recorre poca distancia hasta la superficie con escasas pérdidas, por lo que incluso un sismo de magnitud moderada puede causar sacudidas severas en el epicentro.
- Terremotos intermedios (70–300 km): Frecuentes en zonas de subducción mientras la placa desciende. Pueden producir sacudidas intensas en una amplia zona porque la mayor distancia de viaje permite que la energía se disperse, pero las sacudidas máximas cerca del epicentro suelen ser menos intensas que en un sismo superficial de la misma magnitud.
- Terremotos profundos (300–700 km): Los terremotos más profundos registrados han alcanzado unos 660 km. Para cuando su energía llega a la superficie, se ha distribuido por un volumen enorme de roca, por lo que las sacudidas raramente son catastróficas incluso en magnitudes grandes —aunque pueden sentirse en distancias enormes—.
Por qué los terremotos superficiales son más peligrosos
Imagina que lanzas una piedra al agua. Si la sueltas a 1 cm de la superficie, las ondas son concentradas y potentes. Si la sueltas desde un metro de altura, la energía ya se ha dispersado antes de chocar. La energía sísmica funciona de forma similar: cuando el foco está cerca de la superficie, las ondas sísmicas casi no tienen tiempo de extenderse antes de llegar a los edificios y a las personas.
El terremoto de Lorca de 2011 es el ejemplo europeo más claro. Fue solo de magnitud 5,1 —modesto para los estándares globales—, pero ocurrió a solo 1 km de profundidad, justo debajo de la ciudad. Nueve personas murieron y centenares de edificios de mampostería antigua sufrieron daños o se derrumbaron. Un sismo de la misma magnitud a 15 km de profundidad probablemente habría pasado casi desapercibido.
De forma similar, el terremoto de Haití de 2010 (M7,0) golpeó a unos 13 km de profundidad justo bajo Puerto Príncipe, y los terremotos de Turquía y Siria de 2023 (M7,8) rompieron una falla a profundidades de entre 10 y 18 km bajo una región densamente poblada. En ambos casos, la escasa profundidad amplificó lo que ya era un evento poderoso hasta convertirlo en catastrófico.
Terremotos profundos: ciencia, no destrucción
Los terremotos profundos son científicamente fascinantes porque, a profundidades superiores a unos 300–400 km, la presión y la temperatura son tan elevadas que las rocas, en teoría, deberían fluir en lugar de fracturarse. Cómo puede producirse la fractura frágil —que es lo que requiere un terremoto— a esas profundidades es una pregunta que los sismólogos llevan décadas estudiando. Se proponen dos mecanismos principales: la fragilización por deshidratación (los fluidos liberados por los minerales que descienden debilitan la roca) y la falla transformacional (un cambio de fase mineral produce un colapso de volumen que actúa como fractura).
Los terremotos más profundos registrados, algunos a 660 km, ocurren principalmente en zonas de subducción —sobre todo en las fosas de Tonga, Marianas y Japón— donde las placas oceánicas frías descienden lo suficientemente rápido como para mantener cierta fragilidad a grandes profundidades.
Como los sismos profundos irradian energía a través de tanta roca, raramente causan víctimas incluso cuando su magnitud supera 7,0 u 8,0. Un sismo de magnitud 8,3 golpeó las profundidades del mar de Ojotsk en 2013 a 609 km; se sintió en toda Rusia y Asia, pero no causó daños. Es casi la situación opuesta a Lorca.
La profundidad en el mapa en vivo de QuakeBeat
Cada terremoto en el mapa en vivo de QuakeBeat muestra la profundidad junto a la magnitud. Como regla práctica: si un sismo ocurre a menos de 20 km de profundidad cerca de una zona poblada, merece atención independientemente de su magnitud. Por debajo de 100 km es improbable que cause daños superficiales significativos salvo que la magnitud sea muy grande.
La profundidad también es relevante para la generación de tsunamis. Los tsunamis son desencadenados con más frecuencia por terremotos superficiales de gran magnitud en zonas de subducción donde el fondo oceánico se desplaza verticalmente de forma abrupta. Los terremotos profundos rara vez generan tsunamis por la misma razón que rara vez causan daños en superficie: el desplazamiento no se propaga eficientemente hacia arriba a través de cientos de kilómetros de roca.
La relación entre profundidad y réplicas
Los terremotos superficiales tienden a producir secuencias de réplicas más numerosas y prolongadas que los profundos. Tras la ruptura de la falla cerca de la superficie, la corteza circundante —fría y frágil— se ajusta gradualmente durante semanas o meses, produciendo una serie de eventos menores. La secuencia de réplicas del terremoto de Lorca de 2011, por ejemplo, continuó varios meses. Tras los terremotos profundos, las secuencias de réplicas suelen ser más cortas y menores en relación con el sismo principal, en parte porque la presión ambiental a esa profundidad hace menos probable la re-ruptura de la falla.
Para las comunidades afectadas por un sismo superficial, esto tiene una implicación práctica: el peligro inmediato no termina cuando acaba el sismo principal. Las estructuras debilitadas por el primer evento pueden derrumbarse durante las réplicas, por lo que las inspecciones post-terremoto de los edificios dañados son fundamentales antes de que la gente regrese.
Conclusiones clave
La profundidad de un terremoto —la distancia desde la superficie hasta el punto de ruptura— es tan importante como la magnitud para evaluar el impacto de un sismo. Los eventos superficiales (menos de 70 km) son mucho más peligrosos por unidad de magnitud porque su energía llega a la superficie antes de poder dispersarse. Los terremotos profundos son científicamente importantes, pero raramente catastróficos en superficie. En cualquier mapa de terremotos en vivo, consulta siempre juntos magnitud y profundidad para tener la imagen más completa de qué esperar.