Hacia la 1:24 de la madrugada del 22 de junio de 2022, un terremoto de magnitud 5,9 sacudió el distrito montañoso de Gayan, en la provincia de Paktika, en el sureste de Afganistán, cerca de la frontera con Pakistán, a una profundidad somera de unos 10 km. Pese a su magnitud modesta, el sismo golpeó una de las regiones más remotas y menos vigiladas del país.

Las autoridades afganas informaron de más de 1.000 muertos y más de 1.500 heridos, la mayoría en Paktika y la vecina provincia de Khost. Casi todas las viviendas de las aldeas más afectadas eran de piedra y adobe sin ningún refuerzo sísmico, así que localidades enteras se derrumbaron en segundos, y los desprendimientos que provocó la sacudida bloquearon después las carreteras de montaña que los equipos de rescate necesitaban para llegar hasta los supervivientes.

El desastre golpeó en un momento especialmente difícil: menos de un año después de la toma del poder por los talibanes en Afganistán, la mayoría de las organizaciones de ayuda internacional habían reducido sus operaciones y los sistemas sanitarios y de respuesta ante desastres del país ya estaban muy debilitados. El aislamiento de la región y la falta de maquinaria pesada hicieron que muchos supervivientes escarbaran entre los escombros a mano durante días.

El Centro Nacional de Información Medioambiental de la NOAA (NCEI) registra el terremoto de Paktika de 2022 en su base de datos de sismos significativos con una intensidad máxima estimada de VIII en la escala de Mercalli Modificada cerca del epicentro. Se sitúa entre los terremotos más mortíferos de Afganistán de las últimas dos décadas, solo por detrás de la secuencia de Herat de 2023, y refleja el mismo riesgo de fondo: Afganistán se asienta sobre una zona de colisión sísmicamente activa entre las placas India y Eurasiática, pero cuenta con uno de los parques de vivienda menos resistente a terremotos del mundo.