El oeste de Afganistán fue golpeado por una secuencia de cuatro terremotos superficiales de magnitud 6,3 en octubre de 2023, con epicentro cerca del distrito de Zenda Jan, unos 30 km al noroeste de la ciudad de Herat. Los dos primeros sismos golpearon con minutos de diferencia el 7 de octubre, seguidos de nuevas sacudidas de magnitud 6,3 el 11 y el 15 de octubre, todas a profundidades someras de entre 8 y 14 km.

Los sismos del 7 de octubre causaron la abrumadora mayoría de las víctimas: al menos 1.482 personas murieron, de un total de la secuencia de unas 1.489, con entre 2.100 y 2.700 heridos y más de 21.500 viviendas destruidas en 15 o más aldeas. La Organización Mundial de la Salud informó de que cerca del 90% de los fallecidos eran mujeres y niños, porque la mayoría de los hombres trabajaban al aire libre en el campo cuando ocurrieron los sismos, durante el día.

Algunas aldeas quedaron prácticamente borradas: Nayeb Rafi fue arrasada, con cerca del 80% de su población muerta; Siah Aab perdió a unos 300 habitantes y Kashkak a unos 170. Las labores de rescate se vieron complicadas por el aislamiento de Afganistán bajo el régimen talibán, que limitó la respuesta de ayuda internacional justo cuando decenas de miles de familias perdían su hogar poco antes del invierno.

A principios de 2024, entre 200.000 y 300.000 personas seguían viviendo en tiendas de campaña, y las organizaciones de ayuda comenzaron a reconstruir usando superadobe (tierra comprimida), la primera utilización a gran escala de esta técnica sismorresistente en Afganistán, con unas 3.000 viviendas terminadas. El oeste de Afganistán se asienta sobre el sistema de fallas de Hari Rud, parte de la amplia zona de colisión entre las placas Arábiga y Euroasiática, y los sismólogos advierten de que la región sigue siendo capaz de producir terremotos superficiales igual de dañinos.