En la tarde del 13 de agosto de 1868, un gran terremoto estimado entre magnitud 8,5 y 9,0 sacudió la costa cerca de Arica, entonces parte del sur de Perú (la provincia pasó a Chile tras la Guerra del Pacífico en 1929). La ruptura se produjo en la misma fosa de subducción Perú-Chile que ha generado repetidamente algunos de los mayores terremotos jamás registrados, donde la placa de Nazca se hunde bajo la placa Sudamericana.

El temblor arrasó Arica y dañó localidades a lo largo de cientos de kilómetros de costa, pero el tsunami posterior causó aún más destrucción. Olas estimadas entre 12 y 16 metros arrasaron el puerto, destruyéndolo, y arrastraron tierra adentro casi un kilómetro al buque de guerra estadounidense USS Wateree, cuyo casco quedó varado y fue durante años un hito de la ciudad. Las estimaciones de víctimas varían mucho entre las fuentes históricas, desde unas 25.000 hasta cerca de 70.000 en toda la región, reflejo de la dificultad de contar víctimas en un desastre del siglo XIX repartido entre varias localidades.

El Centro Nacional de Información Medioambiental de la NOAA (NCEI) incluye el terremoto de Arica de 1868 en su base de datos histórica global de tsunamis como uno de los eventos de mayor alcance jamás registrados: la ola cruzó todo el Pacífico, golpeó Hawái con una altura de unos 4,6 metros y causó varias muertes, y se registró hasta en Nueva Zelanda y Japón un día después del sismo, una escala de destrucción transoceánica solo comparable a la de Valdivia en 1960, casi un siglo después.

Los sismólogos entienden hoy la ruptura de 1868 como parte de una secuencia recurrente de grandes terremotos en ese mismo tramo de la fosa Perú-Chile, junto a eventos posteriores como los terremotos de Perú de 2001 e Iquique de 2014. Estudiar las rupturas pasadas de este segmento sigue siendo clave para evaluar el riesgo de tsunami que enfrentan hoy las ciudades costeras del norte de Chile y el sur de Perú.