Hacia las 20:06 del 16 de diciembre de 1920, un terremoto de magnitud 7,8 rompió la falla de Haiyuan bajo el condado de Haiyuan, entonces parte de la provincia de Gansu y hoy en la Región Autónoma Hui de Ningxia, en el norte de China. La región se asienta sobre algunos de los depósitos de loess (limo eólico) más gruesos del planeta, de más de 100 metros de profundidad en algunos puntos, y la violenta sacudida convirtió ese terreno blando en el arma más mortífera del terremoto.

Los registros sismológicos del USGS y de China sitúan el número de víctimas en unas 200.000, con estimaciones que llegan hasta 273.400 en Gansu, Ningxia y Shaanxi, entre los más altos jamás registrados para un terremoto. Buena parte de las pérdidas no se debió solo al derrumbe de edificios, sino a enormes aludes de loess que arrasaron aldeas enteras en segundos; muchos habitantes rurales de la zona vivían en yaodong, viviendas excavadas directamente en las laderas de loess, que no ofrecían ninguna protección cuando las laderas cedían.

El sismo transformó el paisaje local a una escala rara vez vista: represó ríos y formó nuevos lagos, sepultó valles bajo escombros de aludes, y se sintió, según los registros, tan lejos como Pekín, a más de 1.000 km al este. Como el epicentro se hallaba en una zona remota y poco documentada de China, la ayuda tardó en llegar a los supervivientes durante el duro invierno del norte que siguió.

El terremoto de Haiyuan de 1920 sigue siendo uno de los desastres naturales más mortíferos jamás registrados y un caso de referencia sobre el riesgo sísmico de los aludes de loess, todavía citado por la base de datos de terremotos significativos NCEI de la NOAA y por los estudios geológicos chinos que siguen analizando ese mismo terreno inestable hoy.