A las 20:33 UTC del 23 de junio de 2001 (15:33 hora local), un terremoto de magnitud 8,4 rompió la fosa Perú-Chile a unos 6 km al sur-suroeste de la localidad de Atico, a una profundidad aproximada de 32 km. Fue uno de los mayores terremotos registrados en el mundo desde 1965, generado donde la placa de Nazca se hunde bajo la placa Sudamericana a un ritmo de unos 78 mm al año.

La sacudida mató a decenas de personas de forma directa e hirió a más de 3.800 en la región de Arequipa, Camaná y Tacna, donde hasta el 70% de los edificios de Arequipa quedaron dañados y unas 22.000 viviendas fueron destruidas. Minutos después, un tsunami local con olas de entre 5 y 8 metros golpeó la costa cerca de Camaná, inundando más de un kilómetro tierra adentro, destruyendo más de 2.000 edificios y matando a 26 personas, con decenas más desaparecidas. En conjunto, el terremoto y el tsunami dejaron más de 150 muertos.

Los sismólogos demostraron después que la ruptura llenó parte de un vacío sísmico en el mismo segmento de subducción que produjo un terremoto estimado en magnitud 9 en 1868, 133 años antes, lo que convierte a 2001 en un caso raro y bien documentado de una zona de subducción liberando finalmente una tensión acumulada durante más de un siglo.

El desastre reveló la escasa cultura de prevención de tsunamis en la costa sur de Perú: muchos vecinos de Camaná no recibieron ninguna alerta y no reconocieron el retroceso del mar como señal de peligro. Desde entonces, la agencia de defensa civil de Perú ha ampliado la señalización de evacuación costera y los simulacros, usando 2001 como el evento de referencia para la planificación ante tsunamis en la región.