El 28 de octubre de 1707, un gran terremoto estimado en magnitud 8,6 sacudió la fosa de Nankai, frente a la costa del Pacífico de Japón. Fue el mayor terremoto de la historia registrada de Japón hasta el desastre de Tōhoku de 2011, y sigue siendo el único caso conocido en que todos los segmentos de la fosa de Nankai —las zonas de Tōkai, Tōnankai y Nankai— rompieron simultáneamente en un solo evento, en vez de en la secuencia escalonada habitual en la historia de la fosa.

El temblor devastó un enorme tramo de la costa del Pacífico de Japón, desde la región de Tokai hasta Shikoku y Kyushu, y el tsunami resultante inundó comunidades costeras de toda la zona, con olas de hasta 10 metros en algunos puntos. Las estimaciones de víctimas van de unas 5.000 a más de 20.000 según la fuente histórica, dificultado por lo complicado que resulta separar las muertes causadas por el temblor de las causadas por el tsunami en una zona tan amplia del Japón feudal.

Apenas 49 días después, el 16 de diciembre de 1707, el monte Fuji entró en erupción en lo que hoy se conoce como la erupción de Hōei, su erupción más reciente hasta la fecha. Los sismólogos actuales consideran muy probable que los cambios de tensión provocados por el terremoto ayudaran a desencadenar la erupción, lo que convierte al evento de Hōei de 1707 en uno de los ejemplos históricos más claros de un gran terremoto despertando un volcán cercano.

El Centro Nacional de Información Medioambiental de la NOAA (NCEI) incluye el terremoto de Hōei de 1707 en sus bases de datos de sismos y tsunamis significativos como un evento de referencia para la planificación ante el riesgo de la fosa de Nankai. Como la fosa se rompe aproximadamente cada 100 a 200 años —como volvió a hacer en 1854 y en la secuencia de Tōnankai-Nankai de 1944-1946—, los sismólogos japoneses consideran que la repetición de una ruptura completa como la de 1707 es uno de los riesgos sísmicos y de tsunami más graves a largo plazo del país.