Estados Unidos abarca una extraordinaria variedad de marcos tectónicos, desde la costa del Pacífico, donde las placas del Pacífico y norteamericana se deslizan una junto a otra a lo largo de la Falla de San Andrés, hasta la zona de subducción de Cascadia en el noroeste y el punto caliente de Yellowstone en el interior del continente. Alaska y Hawái añaden subducción y vulcanismo de pluma mantélica, lo que convierte al país en uno de los más diversos del planeta sísmica y volcánicamente.
La Falla de San Andrés, en California, provocó el devastador terremoto de San Francisco de 1906, mientras que el sismo del Viernes Santo de 1964 en Alaska, de magnitud 9,2, sigue siendo el mayor jamás registrado en Norteamérica. Los volcanes activos del país van desde el Monte Santa Elena, cuya erupción de 1980 remodeló las Cascadas, hasta el Kīlauea en Hawái y la vasta caldera de Yellowstone, un supervolcán estrechamente vigilado por los científicos.